Programas de Prevención en Fútbol. Análisis y comparativa de su eficacia e implementación en el entrenamiento.

en PREVENCIÓN DE LESIONES

Continuamos analizando la modificación de los factores de riesgo en lesiones de Ligamento Cruzado Anterior (LCA). En la entrada anterior analizamos los factores de riesgo más importantes, mientras que en esta segunda parte del artículo, analizaremos las características y eficacia de los programas preventivos de fútbol.

A la hora de analizar los programas preventivos, dentro de los resultados encontramos diversos protocolos de prevención ya establecidos donde se comprueba su eficacia y la adherencia a los mismos y algunos en los únicamente se plantea un programa neuromuscular para modificar las lesiones dentro de cierta población.

PEP PROGRAM

Programa diseñado por expertos de Santa Monica Orthopedic and Sport Medicine Research Foundation en el año 1999, al que denominaron ‘’Prevent Injury and Enhance Performance (PEP) Program’’. El programa de calentamiento consistía en ejercicios de refuerzo muscular, estiramientos, ejercicios pliométricos y ejercicios de agilidad específicos del deporte. Estos ejercicios estaban destinados para prevenir déficits potenciales en la fuerza y en la coordinación muscular en  músculos estabilizadores de la rodilla. En total el programa estaba compuesto por 19 ejercicios que se realizaban en menos de 30 minutos y que no conllevaban la utilización de ningún material ni costo económico.

Si comparamos los diferentes estudios que analizaron la eficacia del PEP Program, vemos como los dos estudios planteados presentan diferencias significativas en los resultados, tanto desde los objetivos marcados, como de las metodologías utilizadas.

Por su parte, Mandelbaum et al. (2005) tuvo como resultado en su primer año de aplicación del programa una reducción del 88% y un 74% de lesión de LCA en el segundo año. Podemos ver como en el primer año se produjeron 2 lesiones en el grupo que realizo el programa por 32 lesiones de LCA en el grupo de intervención. Lo mismo ocurrió en el segundo año donde se produjeron 4 lesiones de LCA y 35 en el grupo control.

Analizando los resultados encontrados en Gilchrist et al. (2008), también podemos ver cómo en el grupo de intervención que llevó a cabo el programa se produjeron muchas menos lesiones con respecto al grupo control: en este caso 7 lesiones de LCA se encontraron en el grupo de intervención por 18 del grupo control, estableciendo una reducción del 41% en lesiones de LCA y del 70% en lesiones sin contacto de LCA.

En este caso,  dentro de las 6 primeras semanas, los ratios de lesión entre los dos grupos fueron similares, pero cambió a partir de esta semana, donde no se produjo ninguna lesión, lo que nos da un referencia de en qué momento se producen mejoras con el programa preventivo. Parece existir cierta evidencia de que un periodo de  6 semanas no produce cambios en la cinemática del miembro inferior tras un programa de entrenamiento( Hewett, Stroupe, Nance, & Noyes, 1996).

Además dentro de las diferentes muestras que manejaron dentro del estudio, observamos cómo existe un mayor número de jugadoras con historial de lesión de LCA dentro del grupo control (2 frente a 7) con respecto al de intervención, lo que pudo hacer que el número de lesiones en el grupo control fuera mayor, puesto que existe evidencia de un mayor riesgo de lesión en jugadoras con historial previo de lesión Hewett et al. (2005).

Ambos estudios analizaron los efectos dentro de una población similar, pero tal vez el mayor número en la muestra y el tiempo de seguimiento de Mandelbaum et al. (2005) de dos años hace que el porcentaje de reducción de lesiones sea mayor, puesto que la muestra de Gilchrist et al. (2008) fue seguida durante 12 semanas,  a diferencia de la temporada entera de Mandelbaum et al. (2005). Un mayor tiempo de seguimiento a partir de las doce semanas hubiera aumentado el número de lesiones en el grupo control y las lesiones en el grupo de intervención seguramente se hubieran mantenido, aumentando el tanto por ciento de eficacia del mismo.

FIFA 11+

Los estudios que midieron la eficacia del FIFA 11+ también son menos variados en la aplicación de la metodología y en la consecución de los resultados.

Junge et al. ( 2002), Steffen, Myklebust, Olsen, Holme, & Bahr, (2008), Soligard et al. (2008), Soligard et al., (2010), Kathrin Steffen et al. (2013), Grooms, Palmer, Onate, Myer, & Grindstaff (2013) y Units, Owoeye, Akinbo, Tella, & Olawale  (2014) estudiaron los efectos del programa de calentamiento FIFA 11+, usado como programa de prevención de lesiones en futbolistas femeninas jóvenes. Soligard et al., (2010) llevaron a cabo el mismo programa de entrenamiento neuromuscular para analizar el grado de adherencia y la efectividad del mismo en jugadoras de fútbol.

Las muestras utilizadas son bastante semejantes, y al igual que en los estudios que analizaban el PEP Program, los que estudian el +11 escogieron muestras en las que se incluían jugadoras jóvenes de entre 13 y 19 años, a excepción de Junge et al. (2002) y Units et al.   (2014)  que son unos de los pocos estudios que aplicaron  el programa sobre población masculina.

programas de prevención en fútbolComparación de la severidad y el número de lesiones durante el año, por ratio de jugador y por localización de las lesiones entre el grupo control y el de intervención Junge et al. (2002).

Los siete estudios analizaron los efectos del programa en periodos de 8-9 meses (una temporada) en función de la inclusión de eliminatorias de play-off o no.  Si establecemos una comparación con respecto a los estudios que evaluaron la eficacia del PEP Program, no observamos diferencias con Mandelbaum et al. (2005) y sí con Gilchrist et al. (2008) donde se evaluaron 12 semanas.

Junge et al. (2002)encontraron una reducción de un 20% de lesiones y de un 36% por ratio de jugador. En cuanto a lesiones de LCA, los autores exponen que las diferencias entre el grupo de intervención y el control no fueron significativas. Dividieron los grupos en jugadores con alta habilidad y baja habilidad a la hora de jugar al fútbol tanto dentro del grupo control como los de intervención. Entre los grupos con alta habilidad tanto del de intervención como del control se redujeron las lesiones en un 6%, mientras que en los grupos con baja habilidad se produjo una reducción del  37%.  La diferencia entre ambos grupos es notable,  de un 19%, lo que podría explicarse por un mayor efecto del programa en sujetos con menos habilidades técnicas,  que seguramente sean menos hábiles a nivel motor. En el grupo con alta habilidad las reducciones fueron menores, tal vez por un mayor nivel de habilidad motriz, tanto a la hora de practicar el deporte como de controlar el propio cuerpo en las acciones que implican factores de riesgo. A este respecto entienden que estas diferencias tal vez sean como consecuencia de los diferentes entrenamientos y de la diferencia en la educación tanto de los entrenadores como de los jugadores.

Steffen et al. (2008) no encontraron diferencias significativas entre los dos grupos, y atendiendo a las lesiones de LCA, estas fueron de 4 en el grupo de intervención y de 5 en el grupo control, por lo que no existen diferencias significativas a la hora de aplicar el programa entre ambos grupos. Si comparamos los resultados obtenidos en Junge et al. (2002) vemos como estos obtienen un 20% de reducción en comparación de la poca eficacia de que encontraron Steffen et al. (2008). Al analizar  las muestras utilizadas y la participación de ambos estudios, es posible que encontremos la causa de las diferencias, puesto que en Junge et al. (2002) la participación total fue de 194 personas que completaron el estudio, mientras que en Steffen et al. (2008) en los 1073 sujetos, únicamente obtuvieron una participación del 52%, lo que podría influir en la eficacia del programa y el número de lesiones que se obtuvieron dentro del grupo de intervención.

Soligard et al. (2008) en 2008 midieron la eficacia del programa sobre la incidencia de lesiones y en 2010 (Soligard et al., 2010) analizaron el nivel de adherencia de las jugadoras al programa y, dentro de esta adherencia, la eficacia del mismo en función de su participación en la tasa de lesiones. Los objetivos marcados en Soligard et al., (2010) difieren de los mostrados anteriormente, puesto que en este, el objetivo es medir la adherencia al programa contabilizando el número de sesiones realizadas. Dentro de esta adherencia los autores lo dividieron en alta, media y baja y no encontraron diferencias significativas entre los tres grupos en la tasa de nivel. Las diferencias se encuentran al comparar los tres grupos de manera aislada entre ellos, donde estiman un 35% de reducción en la tasa de lesión al comparar el grupo de alta participación con el grupo intermedio; al comparar el alto e intermedio sin incluir el grupo de baja participación la reducción de lesiones fue de un 39%. Uno de los problemas encontrados al analizar este estudio reside en el objetivo que tienen en relación a los demás estudios que analizan el F+11: siendo el objetivo el analizar la adherencia y el nivel de aceptación del programa, no analizan el número de lesiones de LCA ni de otras lesiones, y evalúan a nivel general el índice de lesiones que se produjeron tras la participación en el programa, por lo que no es posible comparar la tasa de lesiones de LCA con respecto a otros estudios que también utilizaron el F+11. Al comparar los resultados con el estudio anterior, observamos como el porcentaje de lesiones es parecido donde el 35% de reducción entre el grupo alto y el intermedio son iguales, y habiendo diferencias al comparar el grupo intermedio con el menor donde la reducción es de un 32%. En este trabajo, a diferencia del de 2010, sí que se detalla en mayor medida el número de lesiones de rodilla: 33 en el grupo de intervención y 47 en el control. En este caso aunque se detalla el número de lesiones de rodilla, no se especifica qué tipo de lesiones ocurrieron, por lo que existen dificultades para valorar el índice de lesiones de LCA.

Los estudio más actuales Kathrin Steffen et al. (2013), Grooms et al. (2013) y Units et al. (2014) son los que muestran resultados más claros y mayor porcentaje de lesiones en comparación con los presentados anteriormente.

Kathrin Steffen et al. (2013), en la muestra con jugadoras canadienses encontró una reducción del 57% entre los diferentes grupos en función de su adherencia al mismo.  Dicha reducción fue encontrada al comparar los grupos con alta adherencia frente a los de baja adherencia al mismo.

Grooms et al. (2013) y Units et al.  (2014)obtuvieron los resultados más altos en cuanto a reducción de lesiones: reportan un 72% y un 48% respectivamente en la reducción de lesiones del miembro inferior.

Uno de los problemas reside nuevamente en la especificación de las lesiones de LCA, puesto que solo en  Grooms et al. (2013)exponen que no se produjo ninguna lesión de LCA, y en Units et al.  (2014) solo se muestran los resultados en cuanto a lesiones de rodilla, siendo estas de 12 lesiones de rodilla en donde 7 ocurrieron sin contacto en el grupo de intervención, por lo que podemos intuir que parte de estas 7 lesiones incluyen lesiones de LCA.

Las reducciones de lesiones de rodilla de ambos estudios, al compararlos con los analizados anteriormente que evaluaron la eficacia del 11+, deben ser vistos con lupa, puestos que a excepción de Junge et al. ( 2002), los demás estudios sobrepasan los 1000 sujetos en los grupos de intervención, cosa que no hacen en Junge et al. ( 2002) donde se evaluaron a 194 sujetos, ni en Grooms et al. (2013) y   Units et al.  (2014), que tomaron como muestra de intervención a 34 atletas y 212 respectivamente.

Esta tal vez sea una de las razones por las cuales Grooms et al. (2013)  presenta una de las reducciones más altas, debido a quela muestra es muy limitada, el número de lesiones que se pueden producir es mucho menor.

Por último, cabe mencionar el papel que juega el género en el análisis de los trabajos. Units et al.  (2014) expone que tal vez los jugadores, en comparación con las jugadoras, no necesiten tantas sesiones de entrenamiento del programa preventivo para reducir el número de lesiones. En su estudio, los jugadoras realizaron durante seis meses un 60% de las sesiones totales, a diferencia de, por ejemplo, Soligard et al. (2010) que con un 77% de sesiones en 8 meses encontró mucha menos reducción de lesiones o de Kathrin Steffen et al. (2013) que encontró una reducción parecida a Units et al.  (2014) con un mayor número de sesiones por semana (2-3). Tal vez, esto venga explicado por el menor riesgo de lesión que tienen los hombres con respecto a las mujeres, ya que el ratio de rotura es  mayor  en mujeres que en hombres, reportándose  muchas veces ratios de 2 a 8 veces mayor dentro del mismo deporte y el mismo nivel de competición (Beynnon et al., 2014).

PROGRAMA NEUROMUSCULAR DE KIANI ET AL. (2010) Y KNAKONTROLL

Kiani et al. (2005) evaluó la eficacia de un programa neuromuscular consistente en 5 partes, que incluían calentamiento general, activación muscular, ejercicios de equilibrios y de fuerza y de la estabilidad de la zona media del cuerpo. Hägglund et al. (2009) y Hägglund, et al. (2013) midieron la eficacia de un protocolo de calentamiento ya diseñado, denominado Knakontroll (2005) y que contiene ejercicios de control de la rodilla y de la estabilidad del core (zona media), en los que se incluyen squats, lunges (zancadas) técnicas de salto y recepciones de las mismos.

Si analizamos los resultados obtenidos, Kiani et al. (2005)  establece un 77% de reducción de lesiones de rodilla y un 90% de reducción en lesiones de ligamento cruzado anterior. Dentro del grupo control se encontraron  11 lesiones que  ocurrieron sin contacto, con un total de 3 lesiones de LCA y 2 de LCA y menisco medial. En el grupo de intervención no se produjo ninguna lesión de LCA.

Los resultados del Knakontroll son un poco inferiores a los de Kiani et al. (2005), y podemos ver como Hägglund et al. (2009) establece un 64% de reducción en lesiones de LCA, mientras que  Hägglund, et al. (2013) obtuvo un 77% de reducción y un 88% en los grupos que tuvieron alta adherencia al programa.

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Tabla 11. Efectividad de las lesiones de LCA producidas entre el grupo de intervención y el grupo control extraída de Hägglund et al. (2013).

Comparando los resultados entre ambos estudios, en el estudio de Hägglund et al. (2009) se produjeron 21 lesiones de LCA, de las cuales 7 fueron en el grupo de intervención y 14 en el grupo control. Por su parte  Hägglund, et al. (2013) obtuvo resultados parecidos, produciéndose 7 lesiones de LCA entre las 47 lesiones de rodilla del grupo de intervención y 14 lesiones de LCA entre las 47 lesiones de rodilla del grupo control. A diferencia de Hägglund et al. (2009), también se midió el grado de adherencia al programa, reportándose  un reducción del 88% en el grupo de mayor adherencia al programa.

Si comparamos los tres estudios, vemos que los resultados son parecidos entre Kiani et al. (2005), Hägglund et al. (2009) y  Hägglund, et al. (2013), (77%, 64% y 77% respectivamente) lo que nos lleva  a analizar los métodos utilizados por estos. Al comparar las lesiones de LCA entre los tres estudios, Hägglund et al. (2009) y  Hägglund, et al. (2013) tuvieron 7 lesiones dentro del grupo de intervención, mientras que en Kiani et al. (2005) no se produjo ninguna lesión en este grupo. De esta forma vemos que antes casi 2000 sujetos más en la muestra en los estudios de Hägglund et al. (2009) y  Hägglund, et al. (2013) el número de lesiones aumentó casi en paralelo: 7 en ambos estudios (dentro del grupo de intervención) y 14 en el grupo control.

Los tres estudios obtuvieron una reducción importante dentro de sus respectivas muestras y, si comparamos el programa, podemos observar elementos comunes que se incluyen en estos:

·             Ejercicios neuromusculares de sentadillas, zancadas y técnicas de salto (saltos hacia adelantes, hacia atrás, laterales y saltos con las dos piernas).

·             Ejercicios para la zona central del cuerpo como planchas frontales isométricas o activación del glúteo mayor y medio mediante elevación de cadera o ejercicios en apoyo monopodal.

Si tomamos en cuenta las diferencias entre ambos programas, el propuesto por Kiani et al. (2005)  incluyen  muchos más ejercicios de estiramientos, así como técnica de carrera mayor ejecuciones de salto y diversos ejercicios de control neuromuscular del core como planchas frontales o sit-ups y también la activación de manera excéntrica de los isquiotibiales; el  Knakontroll  se centra en un mayor enfoque neuromuscular de la rodilla y de la zona media reduciendo el programa a 6 ejercicios que con tres niveles de dificultad.

El programa propuesto por Kiani et al. (2005) se divide en cinco bloques con diversos ejercicios dentro de ellos. De esta manera podemos intuir que la parte más importante de los programas es el factor neuromuscular, con especial hincapié en el control del valgo de rodilla y de la abducción de la cadera. Este tipo de trabajos es esencial dentro de los programas de prevención, ya que disfunciones en la musculatura del core, produce un aumento de la probabilidad de lesión de LCA (Zazulak et al., 2007).

PROGRAMAS DE PREVENCIÓN ENFOCADOS EN LA PREPARACIÓN FÍSICA

 

Hewett et al.(1999) y Heidt et al.(2000) plantaron diferentes trabajos, basando la prevención de lesiones en la preparación física y como esta podía afectar a la prevalencia de las lesiones por no contacto.

Por su parte, Hewett et al., (1999) analizaron un programa de entrenamiento en fútbo, neuromuscular de 6 semanas previas a la temporada. El programa incorporaba ejercicios de flexibilidad, pliometria, y entrenamiento con pesas para incrementar la fuerza y disminuir las fuerzas de recepción.

Heidt et al. (2000) utilizaron el programa ‘’Frappier Acceleration Training Program’’ que combina acondicionamiento cardiovascular específico del deporte, trabajo pliométrico, coordinación y maniobras propias del deporte, entrenamiento de fuerza y agilidad. Fue individualizado en función la fuerza individual y de las debilidades de cada uno.  El programa se llevo a cabo a lo largo de 7 semanas.

Ambos estudios mostraron resultados parecidos a pesar de la diferencia en las muestras. El programa preventivo utilizado por Hewett et al.(1999) reportó 9 lesiones por no contacto entre las 1263 participantes, de las cuales 5 se produjeron en el grupo que no participó en el programa, y solo 1 en el grupo de intervención; Heidt et al.(2000) reportó entre sus 300 jugadoras universitarias 9 lesiones de LCA, 1 fue en el grupo de intervención y 8 en el grupo control.

Analizando los programas utilizados también podemos observar como difiere bastante con respecto a los analizados hasta el momento, donde la mayoría se centran en programas de calentamiento, Hewett et al.(1999)  plantea un programa de 60- 90 minutos durante tres veces a la semana donde principalmente trabaja los saltos y la fuerza de los participantes, a diferencia de los demás programas neuromusculares que apenas se concentran durante 20 minutos. Por otro lado el programa de Heidt et al.(2000) también incluye mucho más tiempo que un programa de calentamiento y se centra en muchas más variables condicionales que los de calentamiento, incluyendo tareas propias del deporte en el ámbito cardiovascular o tareas de agilidad.

Es difícil aclarar el efecto que puede producir el programa de entrenamiento de 6 o 7 semanas a lo largo de una temporada, puesto que tal como se aclara en los estudios, el programa de acondicionamiento fue puesto al principio de la temporada y luego no se utilizo más, por lo que es difícil evaluar que incidencia puede tener a lo largo de un año entero. Como ya vimos en estudios anteriores, Gilchrist et al. (2008) encontró en su estudio, como entre el grupo control y el grupo de intervención el ratio de lesión fue similar durante las seis primeras semanas, para variar a partir de esta y no producirse ninguna lesión. También  hay  evidencia  que un periodo de  6 semanas no produce cambios en la cinemática del miembro inferior tras un programa de saltos (T. E. Hewett et al., 1996). Sin embargo, se sabe que que muchas de las lesiones ocurren al principio y al final de la temporada, donde los efectos acumulativos de la pretemporada o los efectos de la propia temporada al final son más evidentes (Mclean et al., 2007),  por lo que establecer un programa preventivo basado en el enfoque condicional sea una estrategia muy valida en los inicios de las pretemporadas.

En vista que estos programas de prevención en fútbol no se centran en tareas de calentamiento y tienen un enfoque más condicional, y un mayor periodo de tiempo de trabajo por sesión, es posible que a diferencia de tareas neuromusculares, las adaptaciones que se producen en este tipo de programas sean mucho más rápidas que las vistas en los programas mencionados hasta el momento.

KLIP PROGRAM, PROGRAMA NEUROMUSCULAR DE LABELLA (2009) Y PROGRAMA PROPIOCEPTIVO DE SÖDERMAN ET AL. (2000)

LaBella (2009), Pfeiffer et al. (2006) y Söderman et al. (2000) también evaluaron la incidencia de lesiones tras la aplicación de dos programas preventivos en jugadoras universitarias de fútbol y baloncesto en el caso de LaBella (2009), fútbol baloncesto y vóley en Pfeiffer et al. (2006) y jugadoras de fútbol en Söderman et al. (2000).

LaBella (2009) con su programa se centraba en ejercicios de fortalecimiento, ejercicios pliométricos y ejercicios de agilidad, mientras que Pfeiffer et al. (2006) aplicó el programa Knee Ligament Injury Prevention (KLIP Program) basado en saltos en línea recto, de longitud y en el sitio.

El programa  de LaBella (2009) consistía en 20 minutos de calentamiento neuromuscular que los sujetos practicaban antes del calentamiento y antes de los partidos. El programa combinaba fortalecimiento progresivo, ejercicios pliométricos, equilibrios y ejercicios de agilidad. Además se incluye un programa de entrenamiento neuromuscular que se realizo en las 6 semanas previas a la competición.

Pfeiffer et al. (2006) realizaron el mismo tipo de estudio con el propósito de evaluar la efectividad de un programa especializado de ejercicio que reduzca las lesiones por no contacto en futbolistas. Para este  estudio utilizaron el programa Knee Ligament Injury Prevention (KLIP) que se centra en mejorar las recepciones de los saltos y las deceleraciones durante las carreras con el objetivo de reducir las lesiones.

LaBella (2009) dentro de su grupo de intervención obtuvo 50 lesiones en total, frente a las 96 del grupo control, de las cuales 6 fueron de LCA, frente a las 2 de LCA del grupo de intervención. En el transcurso de la pretemporada se produjeron 0 lesiones y durante la temporada 0,05 por cada 1000 horas de exposición en lesiones de LCA.

Pfeiffer et al. (2006) por su parte tuvo 3 lesiones de LCA en el grupo de intervención y otras 3 en el grupo control y,  discriminando por deportes, en el grupo de intervención de produjeron 0 lesiones y en el grupo control 1 lesión.

Comparando ambos estudios observamos que ante una muestra parecida de deportistas y el número de la misma, la efectividad resultó más alta en el programa planteado por LaBella (2009), puesto que Pfeiffer et al. (2006) tuvo el mismo número de lesiones de LCA en ambos grupos y las lesiones de LCA en fútbol no resultan significativas.

Resultados parecidos a los de Pfeiffer et al. (2006) encontró Söderman et al. (2000) en su análisis de un programa propioceptivo sobre 120 jugadoras, en que no solo no encontró resultados significativos, sino que además la tasa de lesiones de LCA fue superior en el grupo de intervención.

Se llevo a cabo un protocolo en el cual las jugadoras realizaban un programa de 10-15 minutos de entrenamiento propioceptivo y equilibrio sobre una plataforma inestable, antes del entrenamiento convencional de fútbol. Consistía en 5 ejercicios con dificultad progresiva, donde el objetivo era incrementar el grado de dificultad progresivamente

La diferencia entre los resultados obtenidos tal vez sea explicada por los componentes de los programas aplicados, puesto que el programa planteado por Pfeiffer et al. (2006) solo se centra en uno de los factores de riesgo, que es la ejecución y recepción de los saltos por lo que todo el programa de prevención está basado en esto, y Söderman et al. (2000) solo aplica un programa propioceptivo, mientras que LaBella (2009) incluye otros parámetros de fortalecimiento de cadera y zona media del cuerpo, así como ejercicios de agilidad y equilibrios, además de los propios saltos.

Los resultados de Pfeiffer et al. (2006) no muestran cambios significativos tras su aplicación, pero los de Söderman et al. (2000) muestran cambios para peor, puesto que parece ser que la aplicación del programa propioceptivo fue un desencadenante para  producir mayor numero de lesiones en el grupo de intervención. Los ejercicios de propiocepción sobre plataformas inestables parecen alterar la cinemática y la propiocepción en las jugadoras produciendo patrones alterados que conllevan a la lesión.

Puesto que deportes como el fútbol, baloncesto y vóley incluyen aceleraciones y desaceleraciones así como cambios de dirección además saltos, hacen que tengan un mayor riesgo de producirse la lesión en este tipo de maniobras (Olsen, 2004). Entendemos que el programa planteado por LaBella (2009) es mucho más completo e incluye mayores estrategias para prevenir lesiones de LCA basadas fundamentalmente en disminuir o atenuar los factores de riesgo propios de estos deportes. Seguramente esta sea una de las razones que existan  en cuanto a las diferencias encontradas entre ambos programas.

CONCLUSIÓN

Tras el análisis de la bibliografía, podemos concluir que:

Los programas preventivos de intervención diseñados para influir sobre los factores de riesgo analizados en la primera parte (valgo de rodilla, poca flexión de rodillas y de cadera, rotación interna de cadera, fuerzas de impacto verticales y la traslación anterior de la tibia en la ejecución de saltos) son eficaces, pues consiguen reducir el valgo de rodilla, la rotación interna de cadera, la traslación anterior de la tibia y las fuerzas de impacto verticales, así como también consiguen aumentar los grados de flexión de la cadera y de la rodilla.

La modificación de estos factores de riesgo es eficaz para reducir la aparición de lesiones de LCA en futbolistas de edades comprendidas entre los 13 y los 19  años, sobre todo en jugadoras de fútbol femeninas.

Los programas de prevención en fútbol se caracterizan por ser  protocolos de calentamiento que se implantan  antes de los entrenamientos y de los partidos y que están formados por  programas neuromusculares que incluyen fortalecimiento  de la zona media del cuerpo, equilibrios, programas pliométricos y técnica de carrera. Otros programas se caracterizan por incidir sobre la preparación física implados  durante la pretemporada de fútbol.

Los programas de prevención en fútbol son eficaces para reducir la incidencia de lesión de LCA en futbolistas encontrándose rangos de reducción de lesiones de LCA entre el 36% y el 80%.

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