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El liderazgo en el equipo de fútbol del siglo XXI

en COACHING/LIDERAZGO

En el siglo XXI los grandes entrenadores no son esos que tienen unos elevados conocimientos teóricos y se olvidan del resto de habilidades. Los grandes líderes del vestuario son personas muy movilizadoras, personas que despiertan nuestro entusiasmo y alientan lo mejor que hay en nosotros. Cuando tratamos de explicar su especial habilidad apelamos a nociones como la planificación, la previsión o el poder de las ideas, pero la realidad es mucho más sencilla: los grandes líderes del vestuario son personas que saben manejar las emociones.

Poco importa lo que hagan, poco importa que se dediquen a planificar estrategias o se ocupen de movilizar la acción de un equipo, puesto que su éxito no depende tanto de lo que hacen como del modo en que lo hacen. El rasgo distintivo reside, en suma, en su comprensión del extraordinario papel que desempeñan las emociones en el entorno del equipo, no solo en cuestiones tan patentes como el rendimiento, sino también en variables tan intangibles como la motivación o el compromiso.

Elementos tan subjetivos como la motivación y el compromiso nacen del optimismo y de la sonrisa, por el contrario, suelen consolidar las habilidades neuronales básicas necesarias para desempeñar bien cualquier tarea. Por tanto, no es de extrañar que sea una de las herramientas fundamentales del entrenador emocionalmente inteligente. 

El líder es —y siempre ha sido, en todo momento y lugar— la persona a quien los demás recurren en busca de la convicción y claridad necesaria para hacer frente a una amenaza, superar un reto o llevar a cabo una determinada tarea. En este sentido, el líder es la persona que mejor sabe encauzar las emociones de un determinado grupo. Esta función esencialmente emocional —que disipa la bruma de las emociones tóxicas y canaliza las emociones del grupo en una dirección positiva— sigue siendo la principal tarea del líder en el ámbito de cualquier club moderno en cualquiera de sus niveles, desde un utillero hasta el director deportivo.  Así pues, en resumen el líder de un grupo humano es la persona más capaz de influir en las emociones de los demás. Cuando las emociones se orientan en una dirección positiva como el entusiasmo, por ejemplo, el funcionamiento del grupo puede alcanzar cotas muy elevadas mientras que cuando, por el contrario, se inclina en la dirección del resentimiento, apatía o ansiedad, encaminará al grupo hacia su desintegración, lo cual pone de relieve otro aspecto esencial del liderazgo: su efecto trasciende el mero hecho de llevar a cabo un buen trabajo.

Los resultados de una investigación realizada en empresas determinaron que la fortaleza de los líderes «estrella» no residía en ninguna habilidad técnica ni cognitiva, sino en cuatro competencias características de la inteligencia emocional: la motivación de logro, la iniciativa, la capacidad de colaborar y trabajar en grupo y la habilidad para dirigir equipos. Además de saber adaptar los distintos tipos de liderazgo explorados anteriormente aquí

El entrenador del siglo XXI lleva a su equipo y aficionados a conectar con una visión, su visión. Para que el lider sea capaz de estimular la resonancia de un determinado grupo y cultura deportiva, los líderes emocionalmente inteligentes deben comenzar mirando en su interior y prestando atención a lo que piensan, sienten y experimentan con respecto a su grupo. Bien podríamos decir que este tipo de líderes funcionan como sismógrafos muy sensibles que permiten conectar con la visión ideal y la misión del equipo y perciben la diferencia existente entre lo que es y lo que podría ser. Y no estamos hablando aquí exactamente de la intuición, sino del uso de la inteligencia emocional para observar e interpretar los indicios más sutiles de lo que realmente está ocurriendo, lo cual nos transmite una información mucho más precisa que cualquier otro tipo de datos.

En resumen,  el entrenador del siglo XXI triunfará si desarrolla una toma de decisiones de forma democrática , es afiliativo, es decir, fomenta la unión del grupo y promueve el crecimiento tanto personal como profesional de cada uno de sus integrantes a la par que el del mismo y el del equipo. No se antoja tarea sencilla para el lider del grupo que tendrá que lidiar con mil problemas provenientes de 360 grados. Por tanto, un manejo de las capacidades de la inteligencia emocional facilitará su desempeño aunque tendrá que hacerlo con la ayuda de todos, recordando en su mente perpetuamente una frase celebre japonesa que ilustra a la perfección el liderazgo del entrenador del siglo XXI “ Ninguno de nosotros es tan inteligente como todos juntos “ 

Los diferentes estilos de liderazgo de un entrenador de fútbol

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liderazgo en el entrenador de futbol

Gabi Penelas

Llevar el timón del barco del equipo no es fácil. Los estilos personales de los líderes/entrenadores extraordinarios pueden variar mucho: los hay contenidos y analíticos, y los hay que gritan sus edictos a voz en grito. Y, lo que es igual de importante, las distintas situaciones también requieren distintos tipos de liderazgo en el fútbol. En las fusiones suele hacer falta un negociador sensible que lleve el timón, mientras que para un dar un golpe de timón lo habitual es que se requiera una autoridad más contundente. No obstante, los líderes más eficientes coinciden en un aspecto fundamental: todos poseen un gran nivel de lo que ha dado en llamarse inteligencia emocional.

Esta inteligencia emocional permitirá al entrenador adaptarse a las distintas situaciones que se presenten en el equipo e influir en el clima general. Por tanto existirán diferentes estilos de liderazgo que el entrenador va a tener que usar si quiere llevar firme el timón del barco a buen puerto, incluso cuando tenga que dar un giro brusco al timón será necesario utilizar el liderazgo. Después de haber estudiado factores del buen líder. Hoy estudiamos los distintos tipos de liderazgo son: 

El estilo autoritario

La investigación indica que de los seis estilos de liderazgo el autoritario es el más eficaz, ya que mejora todos los aspectos del clima. Pensemos en la claridad. El líder autoritario tiene visión de futuro y motiva a los jugadores, dejándoles claro cómo encaja su función en la visión general del club. Los subordinados de ese tipo de líderes comprenden que su actividad tiene importancia y por qué.

Además, el liderazgo autoritario potencia al máximo el compromiso con los objetivos y la estrategia del equipo. Al enmarcar las tareas individuales en una visión global, el líder autoritario marca unos niveles de calidad que giran en torno a esa visión. Cuando comunica sus reacciones ante el rendimiento (sean positivas o negativas), el único criterio es si ese rendimiento promueve la visión. 

Por último, conviene tener en cuenta el efecto del estilo en la flexibilidad. Un líder autoritario señala el objetivo, pero por lo general deja mucho margen de acción que se debe desempeñar por parte de los jugadores. 

El estilo coach

Los líderes coach ayudan a sus jugadores a identificar sus puntos fuertes y débiles particulares y los vinculan a sus aspiraciones personales y profesionales. Animan a los trabajadores a marcarse objetivos de desarrollo a largo plazo y a conceptualizar un plan para alcanzarlos. Llegan a acuerdos con ellos sobre su función y sus responsabilidades en la consecución de los planes de desarrollo y ofrecen gran cantidad de instrucciones y comentarios.

El estilo conciliador

 Este estilo de liderazgo se centra en la gente: sus defensores valoran a los individuos y sus emociones por encima de las tareas y los objetivos. El líder conciliador busca que los trabajadores estén contentos y exista armonía entre ellos. Su forma de gestionar consiste en crear fuertes vínculos emocionales y luego recoger los frutos de ese planteamiento.

El estilo democrático

Al dedicar tiempo a recoger las ideas y el respaldo de los demás, el responsable de un equipo consigue confianza, respeto y compromiso. Al permitir que el entorno de su opinión sobre decisiones que afectan a sus objetivos y a su forma de proceder, el líder democrático fomenta la flexibilidad y la responsabilidad. Y al escuchar las preocupaciones de los demás descubre qué hacer para mantener alta la moral..

¿Cuándo funciona mejor este estilo? Es ideal cuando el líder no tiene muy claro qué rumbo tomar y necesita opiniones y aportaciones de jugadores y staff competentes. También, aunque tenga las ideas claras, el estilo democrático puede funcionarle para generar nuevas propuestas de cara a la ejecución de esa visión. Por descontado, este estilo tiene mucho menos sentido cuando los staff y jugadores no están lo bastante preparados o informados para ofrecer buenos consejos. Y prácticamente no hay que decir que buscar el consenso es mala idea en tiempos de crisis tanto deportiva, como institucional 

El estilo ejemplarizante

El estilo ejemplarizante tiene un lugar en el repertorio del líder, pero debe utilizarse con moderación. Sus características son a priori admirables. El líder establece unos niveles de rendimiento altísimos y los ilustra personalmente. Demuestra una obsesión por hacer las cosas mejor y más rápido y pide lo mismo de todos los que lo rodean. Enseguida identifica a quienes rinden poco y les exige más. Si no se ponen a la altura necesaria, los sustituye por alguien que sí sea capaz de ello. A simple vista parece que un planteamiento así debería mejorar los resultados, pero no es cierto. En realidad, el estilo ejemplarizante destruye el clima. Muchos miembros del staff y jugadores se sienten abrumados por las exigencias de alto rendimiento del líder ejemplarizante y se desmoralizan.

El estilo coercitivo

Paradojimante este estilo es uno de los mas utilizados todavía y el que peor resultados obtiene. Es fácil comprender por qué de todos los estilos de liderazgo el coercitivo es el menos eficaz en la mayoría de situaciones. Pensemos en sus consecuencias para el clima. La flexibilidad es lo que más se resiente. La toma de decisiones del líder, completamente vertical, mata las nuevas ideas e iniciativas de raíz. La gente se siente tan humillada que piensa: «¿Para qué voy a aportar nuevas ideas, si seguro que las rechaza?» Del mismo modo, el sentido de la responsabilidad se debilita mucho: al no poder actuar por iniciativa propia, los trabajadores no se implican y se sienten poco responsables de su rendimiento. Algunos acaban tan resentidos que se dicen: «Me niego a ayudar a ese cabrón.» El liderazgo coercitivo también tiene un efecto perjudicial sobre el sistema de recompensas. Casi todos los profesionales con un alto rendimiento están motivados por algo más que el dinero: persiguen la satisfacción del trabajo bien hecho. El estilo coercitivo merma ese orgullo.

Conclusiones  

Asi pues numerosos estudios, han demostrado que es mejor que un líder emplee un amplio repertorio de estilos. Los que dominan cuatro o más (en especial el autoritario, el democrático, el conciliador y el coach) logran el mejor clima laboral y el mejor rendimiento. Por descontado, pocos líderes cuentan con los seis estilos en su repertorio y menos aún saben cuándo y cómo aplicarlos. Esas impresiones son comprensibles y en algunos casos el antídoto es relativamente sencillo. El líder puede crear un equipo con miembros que apliquen los estilos que él no tiene por la mano. Otra posibilidad, que yo recomendaría más, es que los líderes amplíen su repertorio. Para ello primero deben entender en qué competencias de la inteligencia emocional se basan los estilos de liderazgo que no aplican. Por lo tanto, un entrenador que amplia su faceta emocional, alcanzará un mayor grado de rendimiento en el equipo donde trabaja. 

Fuente adaptada a fútbol: 

Goleman, Daniel. Liderazgo. El poder de la inteligencia emocional (Spanish Edition). Penguin Random House Grupo Editorial España. Edición de Kindle. (enlace

 

 

Habilidades de liderazgo en el entrenador de fútbol

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liderazgo en el futbol

En este siglo los clubes han sufrido una revolución radical que ha comportado también una transformación del panorama emocional. Hubo un largo período de dominio directivo de la jerarquía técnica en el que se recompensaba al entrenador manipulador que actuaba como si estuviera luchando en la selva, pero esa rígida jerarquía empezó a resquebrajarse en estos últimos años. El luchador de la selva simboliza el pasado de los técnicos; el especialista en relaciones interpersonales es su futuro.

Algunos de los motivos son muy evidentes. Pensemos en las consecuencias que tiene en un equipo el que una persona sea incapaz de contener ataques de ira o carezca de sensibilidad ante las emociones que provoca en quienes la rodean. Todos los efectos perjudiciales del atropellamiento mental se reflejan también en el entorno del equipo: cuando estamos alterados nos cuesta más recordar, prestar atención, aprender o tomar decisiones con claridad. Como señaló un consultor de dirección empresarial, «el estrés atonta a la gente». Desde una perspectiva positiva, pensemos en las ventajas de un buen dominio de las competencias emocionales básicas; es decir, estar en sintonía con los sentimientos de las personas con las que tratamos, ser capaz de manejar las diferencias de opinión para que no vayan a más y tener la capacidad de entrar en estados de flujo. El liderazgo no es sinónimo de dominación, sino el arte de convencer a la gente de que colabore para alcanzar un objetivo común. Además, centrándonos en la gestión de nuestra trayectoria personal, puede que no haya nada más fundamental que reconocer una profunda conexión emocional con nuestro cometido y saber qué cambios podrían provocarnos mayor satisfacción.

CARACTERÍSTICAS DE UN BUEN LÍDER. 

La autoconciencia

La autoconciencia es el primer componente de la inteligencia emocional. La autoconciencia implica comprender en profundidad las emociones, los puntos fuertes, las debilidades, las necesidades y los impulsos de uno mismo. La gente con una gran autoconciencia no es ni demasiado crítica ni excesivamente optimista, sino sincera consigo misma y con los demás. El individuo que posee un alto grado de autoconciencia reconoce cómo afectan sus sentimientos a él mismo, a los demás y a su rendimiento profesional.

Las decisiones de la gente autoconsciente concuerdan con sus valores; en consecuencia, a menudo el trabajo les resulta estimulante y serán más resilientes a la hora de perseguir una meta.

La autogestión

Los impulsos biológicos determinan nuestras emociones. No podemos prescindir de ellos, pero podemos hacer mucho para gestionarlos. La autorregulación, una especie de conversación interior continuada, es el componente de la inteligencia emocional que nos libera de la prisión en la que pueden encerrarnos nuestros propios sentimientos. La gente que entabla ese tipo de conversación tiene momentos de mal humor e impulsos emocionales como todo el mundo, pero encuentra formas de controlarlos e incluso de canalizarlos de forma útil. Imaginémos un entrenador en el que le ha cabreado la forma de jugar de su equipo en la primera mitad. Si el entrenador no sabe canalizar ese cabreo en forma de constructiva, ya sea transformándolo en correcciones tácticas acertadas, más motivación o incluso rebaja de la intensidad si considera que ha sido por un exceso de ímpetu el equipo no encontrará el estimulo para mejorar la situación . La autorregulación de las emociones, conlleva una apariencia externa, de nosotros depende lo que queramos mostrar en cada momento. Los indicadores de la autorregulación emocional son, por consiguiente, fáciles de ver: tendencia a reflexionar y a meditar, comodidad ante la ambigüedad y el cambio, y también integridad, es decir, capacidad de reprimir deseos impulsivos.

La capacidad social

La inteligencia social en el entrenador ha sido valorada en mayor profundidad anteriormente. Decir aquí que como componente de la inteligencia emocional, la capacidad social no es tan sencilla como puede parecer. No se trata de una simple cuestión de simpatía sino de una simpatía con un objetivo determinado: hacer avanzar a los demás en la dirección que deseamos.

Empatía

Hay que ser sensible. Hay que trabajar la empatía, tener en cuenta el efecto que lo que se dice y cómo se dice provocan en el receptor. Según Levinson, los líderes con escasa empatía son los más propensos a hacer comentarios hirientes; por ejemplo, con frases despectivas y fulminantes. El efecto de ese tipo de críticas es destructivo: en lugar de abrir un camino para mejorar las cosas, provocan una reacción emocional en contra que se concreta en resentimiento, amargura, actitud defensiva y distanciamiento. La empatía a la hora de hacer una critica a uno de nuestros jugadores es sin duda, una arma muy eficaz:

Situación de crítica a un jugador. 

Todos los entrenadores y líderes de equipo han pasado por algún momento una situación en la que es necesario realizar una corrección a un jugador por el bien del equipo e incluso del propio jugador. Una crítica planteada con mano izquierda se centra en lo que ha hecho el individuo y en lo que puede hacer, en lugar de atribuir una mala actuación a un rasgo de su personalidad.

Hay que ofrecer una solución. La crítica, como todo comentario útil, debe apuntar a una forma de resolver el problema. En caso contrario deja al receptor frustrado, desmoralizado o desmotivado. La crítica puede abrir la puerta a posibilidades y alternativas que el individuo no había visto, o sencillamente sensibilizarlo sobre deficiencias que requieren atención, pero en todo caso debe incluir sugerencias sobre la forma de abordar los problemas. Hay que estar presente. Las críticas, lo mismo que los elogios, son más eficaces cuando se transmiten cara a cara y en privado.

Por tanto, si un entrenador quiere que su barco se vaya a pique y se hunda en el fondo del mar sin conseguir llegar a puerto, este entrenador no debería desarrollar sus habilidades de liderazgo. Volvemos a ver otra vez, como componentes de la inteligencia emocional vuelven a ser determinantes y se unen a los factores tradicionales de rendimiento de un equipo de fútbol. Sigue pareciendo por tanto, acertada la teoría de un profesional y un líder  integral que sepa conectar las diferentes areas del rendimiento como forma más eficaz de rendimiento. 

Fuente:

Adaptación a fútbol de:

Goleman, Daniel. Liderazgo. El poder de la inteligencia emocional (Spanish Edition). Penguin Random House Grupo Editorial España. Edición de Kindle.

El liderazgo del entrenador. 4 claves para ser mejor líder

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el entrenador líder

 

Saber liderar en los equipos de fútbol actuales no es fácil. El  liderazgo del entrenador de fútbol es fundamental para llevar a los equipos a los objetivos marcados. En este artículo te damos 4 claves para ser mejor líder. La gestión de equipos y el saber sacar las mejores cualidades de un grupo han sido facetas que siempre han caracterizado a lo mejores entrenadores. Sobre todo en aquellos deportes en los que el número de jugadores es elevado, como es el caso del fútbol.

Esta habilidad de gestionar grupos es una de las más valoradas hoy en día en el rendimiento deportivo.

¿Que es el liderazgo del entrenador?

Al margen de aspectos táctico, técnicos o conocimientos teórico – prácticos del deporte en cuestión, la psicología aplicada a cada grupo de personas parece ser el salto de calidad que diferencia actualmente a los grandes entrenadores. Claros ejemplos los tenemos en Guardiola, Zidane, Mouriño, Bielsa o Simeone, entre otros. Seguramente su labor emocional y psicológica con cada uno de los grupos con los que trabajan, han marcado la pauta en su forma de entrenar.

Si bien es cierto que estar mejor  preparados a nivel teórico y práctico nos da mucha seguridad, podríamos considerar que muchos entrenadores de primera y segunda división están mas capacitados  que los mencionados anteriormente.  Si me permiten la licencia, creo que la principal diferencia está en como se transmite este conocimiento a los jugadores.

La forma en que transmitimos el mensaje, en la forma que hacemos parte de esos conocimientos a un grupo de jugadores, marca mucho la tendencia de cómo llevaremos un grupo a lo largo de una temporada.

Este componente, el liderazgo, es algo que los equipos de hoy en día tienen muy en cuenta. Basta con ver el cambio constantes de entrenadores que se produce en primera y segunda división. Esto no atiende a un trabajo bueno o malo (creo que no se  puede evaluar el trabajo de alguien en unas semanas o meses), sino que atiende meramente a la búsqueda de un shock emocional o un revulsivo psicológico que cambie la dinámica dentro de un grupo.

La psicología del deporte nos aporta muchos conocimientos del comportamiento humano.  Estos conocimientos nos permitirán mejorar el rendimiento deportivo de nuestro equipo.

¿Entrenador líder o jefe?

En los últimos años se ha estudiado dentro del ámbito empresarial, la diferencias entre un líder y un jefe. A pesar de que en el fútbol no hay una diferencia tan clara entre lo que es un líder y un jefe si que podemos definir algunos aspectos que los futbolistas desean tener en un entrenador líder (artículo)

Debemos entender que un líder es aquella personas que guía a un grupo hacia la consecución de un objetivo común.

Busca aprovechar al máximo las capacidades individuales y grupales de un grupo humano. Este líder no pretende mandar ni imponer ideas. Pretende que por su experiencia y conocimiento se marque el camino que un grupo debe seguir.

A nivel general el tipo de entrenadores que nos podemos encontrar es:

  1.   Autoritario
  2.   Participativo
  3.   Permisivo

En boca del propio Guardiola, existen tres tipos de entrenadores:

    • El H de P, pongámosle técnicamente el autoritario o autocrático.
    • El amigo, el que se va de copas con los jugadores.
  • El que pide respeto, intensidad, concentración, esfuerzo, etc.

Este tipo de personalidades no son exclusivas. Muchas características de estos se mezclan y entrelazan en función de la personalidad de cada persona.

Para entender  los aspectos que mas podríamos destacar dentro de un líder, tomaremos  como referencia a Alex Gordillo. Encontramos que los futbolistas desearían que el entrenador tuviera las siguientes características:

  1. Hable poco (lo indispensable)
  2. Tenga Sentido del humor
  3. Demuestre un trato  individualizado
  4. Demuestre Competencia técnica
  5. Controle al grupo

Puntos clave del líder

Estos aspectos parecen ser claves desde las perspectiva de los futbolistas y además debemos tener en cuenta otros no menos importantes como:

Cuidar la apariencia

Un aspecto cuidado, desde el físico, a la manera de vestir (adecuándose al entorno). Son aspectos que subconscientemente llegan al futbolista y que dan una imagen de lo que queremos transmitir desde un primer momento.

Estar en buena forma física y de salud, así como vestir de la forma adecuada en cada momento son puntos positivos que ayudan a nuestra imagen. En los ultimo años hemos asistido a un cambio bastante significativo de la imagen que proyectan los entrenadores. Quedan en evidencia aquellos que todavía están fuera de forma, continúan fumando en banquillos o propinan insultos mas que dirigen (tal vez sea un modelo mas amateur y de base, pero incluso dentro de estas ligas sigue siendo un modelo de entrenador obsoleto).

Ser referencia del grupo y adecuarse a las características y cualidades del grupo

La imposición de ideas de juego y formas de entrenar por la fuerza o sin adecuarse a lo que el futbolistas puede dar, es una tarea poco eficiente y agotadora. Anteponer  ideas o tratar de hacer funcionar modelos de juego que no se adecuan a lo que nuestros futbolistas solo dará malos resultados a corto plazo. Xabi Alonso declaro en alguna ocasión sobre Guardiola: ‘’Guardiola no impone su filosofía, nos convence con ella’’.

Tener ideas claras de juego y tener nuestro propio modelo de juego es necesario. Siempre debe ser acorde al grupo y a los jugadores que tenemos, es decir adaptable y moldeable, y no solo a los jugadores, sino  la cultura, historia, estructura y objetivos del club, sistemas de juego, etc.

En este sentido Xavier Tamarit hace una buena propuesta y explica de forma clara como la idea de juego debe ser adaptable a estos factores que condicionan de gran manera la forma de entender el fútbol.

Tener claros los valores que transmitimos.

El ser justos a la hora de tomar decisiones, así como tener una vara de medir igual para todos. Tanto a la hora de castigar, dejar fuera a un jugador o dar más o menos minutos, es algo que debemos tener en cuenta, sobre todo cuando nuestra labor se aleja mas del rendimiento.

Esto no significa que todos los jugadores deban ser tratados igual, sino justamente lo contrario, puesto que cada jugador es diferente, debe ser tratado de forma diferente, pero siempre de forma justa. ‘’No todos son iguales’’ decía Pep.

“SIEMPRE NOS HABÍAN DICHO “NO, ES QUE TODOS SOIS IGUALES”, EL ENTRENADOR, “PARA MI TODOS SOIS IGUALES”, Y ES LA MENTIRA MAYOR QUE EXISTE EN EL DEPORTE. NO TODOS SON IGUALES, NI TODOS TIENEN QUE SER TRATADOS IGUAL.” PEP GUARDIOLA.

En el alto rendimiento pueden existir otros aspectos que condicionen esto (como presiones externas de directivas, ventas de jugadores, etc.). Pero cuando más nos acercamos al fútbol base y al fútbol menos profesional, estos aspectos cobran un papel fundamental.

En este artículo hablamos sobre el modelo motivacional para los futbolistas.

Comunicación

Hemos comentado anteriormente, tener un vasto conocimiento de fútbol y no saber transmitirlo es tal vez el aspecto que diferencia a los grandes entrenadores.

No nos referimos a soltar a nuestros jugadores todo lo que sabemos, sino darles el mensaje que ellos necesitan (ni menos, ni más información de la necesaria). En el momento adecuado y sabiendo a quien se lo decimos (no todos los jugadores son iguales recordemos).

Podemos describir algunas características, nuevamente del profesor Alex Gordillo que pueden ser de ayuda a la hora de transmitir un mensaje de forma eficaz a nuestros jugadores:

–               Asumir los mensajes como propios. Dar mensajes o información que ni nosotros mismos nos creemos, genera desconfianza.

–               No dar demasiada información (no abrumar al jugador). La información debe ser clave y eficaz.

–               Saber dar los mensajes en el momento adecuado. Dar una corrección sobre un entrenamiento de hace tres días no tendrá demasiada influencia sobre el error como si la diéramos en el momento que el jugador puede corregirla.

–               Controlar el tono: Dar correcciones en un tono adecuado,  es vital para evitar roces o malas contestaciones. Un tono de critica constructiva en vez de reproche siempre será mejor.

–               Adecuar el mensaje en función de donde estemos. Intentar corregir o abrumar al jugador en un partido, donde hay demasiado aspectos que distraen no producirá ningún efecto y distraerá más al jugador en la competición.

Resumen

Saber liderar es un rasgo que muchos tienen en su propia personalidad, pero la gran mayoría de los aspectos que componen estas características, son aspectos que como entrenadores podemos controlar y trabajar, y no dependen exclusivamente de aspectos externos. Saber llegar a nuestro jugadores y saber transmitir nuestro mensaje ayudará a generar un clima de trabajo agradables, donde todos los integrantes de un equipo, entrenadores y jugadores, lleguen a los objetivos marcados.

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